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20 febrero, 2026 by Comunicados, Crisis Management, Empresas, ESG, Sustentabilidad, Tecnología

Infraestructura bajo presión: el riesgo invisible del clima extremo

Infraestructura bajo presión: el riesgo invisible del clima extremo

  • En México, más del 65% de los municipios presenta algún nivel de riesgo por fenómenos hidrometeorológicos, y los eventos de lluvias intensas han aumentado más de 30% en las últimas dos décadas (CONAGUA / SMN).
  • Casi 8 de cada 10 personas viven en zonas urbanas, donde puentes, edificios y vialidades enfrentan daños acumulativos no visibles tras cada evento climático extremo (INEGI / CENAPRED)

El cambio climático es ya una presión constante sobre la infraestructura urbana del país. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), México ha registrado un incremento superior al 30% en la frecuencia e intensidad de lluvias extremas en los últimos 20 años, incluso fuera de los meses tradicionalmente asociados a la temporada de huracanes.

Durante febrero, tradicionalmente asociado a una temporada seca y estable en gran parte del territorio, México ha registrado eventos atípicos de lluvias intensas, frentes fríos más severos, vientos fuertes y cambios bruscos de temperatura, un comportamiento climático que confirma la expresión: “febrero loco y marzo otro poco”, hoy potenciado por el cambio climático y con impactos directos en el estrés estructural de ciudades altamente urbanizadas.

Tan solo los fenómenos hidrometeorológicos representan más del 70% de los desastres naturales registrados en el país, según el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), con impactos directos sobre ciudades altamente urbanizadas.

Este escenario resulta especialmente crítico si se considera que el 79% de la población mexicana vive en zonas urbanas (INEGI), donde la infraestructura —puentes, edificios, distribuidores viales y sistemas de transporte— está sometida a esfuerzos constantes derivados de lluvias intensas, inundaciones, vientos fuertes, cambios bruscos de temperatura y saturación del suelo. Aunque muchas de estas estructuras cumplen con normas de diseño, los efectos acumulativos del clima extremo generan un desgaste progresivo que no siempre es visible a simple vista.

“Hoy el mayor riesgo para las ciudades no es solo el evento extremo, sino el daño acumulado que se va gestando después de cada lluvia, cada ciclón o cada temporada atípica. La resiliencia urbana empieza cuando podemos medir y anticipar ese deterioro”, señala Felipe Martínez, CEO de Huella Estructural.

Explica que las estructuras no fallan de manera súbita, antes atraviesan procesos de fatiga, microfisuración, deformaciones y desplazamientos mínimos que, sin monitoreo adecuado, pasan desapercibidos hasta convertirse en riesgos mayores. En puentes y vialidades estratégicas, por ejemplo, la repetición de cargas combinada con humedad constante puede reducir la vida útil estructural y comprometer la seguridad de miles de usuarios diariamente.

Planeación urbana post-clima extremo

El monitoreo estructural continuo se posiciona como un componente esencial de la planeación urbana post-clima extremo. A diferencia de los esquemas tradicionales de inspección —generalmente visuales y esporádicos—, el monitoreo basado en sensores permite evaluar el comportamiento real de una estructura a lo largo del tiempo y bajo condiciones reales de operación y estrés climático.

Huella Estructural ha desarrollado una plataforma de salud estructural avanzada que integra sensores inteligentes capaces de recopilar datos sobre vibraciones, deformaciones y desplazamientos estructurales en tiempo real. Esta información permite identificar la acumulación progresiva de daños y microafectaciones a lo largo del tiempo, muchas de ellas imperceptibles al ojo humano, y detectar cambios anómalos en el comportamiento de edificios y puentes incluso cuando no existen señales visibles de deterioro.

“El monitoreo estructural transforma la gestión de la infraestructura: deja de ser reactiva y se vuelve preventiva. Podemos identificar fatiga estructural antes de una falla y priorizar intervenciones con base en datos, no en suposiciones”, explica Martínez.

Menciona que la incorporación de estas tecnologías en la planeación urbana permite a autoridades y desarrolladores contar con evidencia técnica para la toma de decisiones, optimizar presupuestos de mantenimiento y reducir riesgos para la población. En un país donde los costos por desastres naturales superan de forma recurrente miles de millones de pesos anuales, la prevención basada en datos se convierte también en una estrategia de eficiencia financiera.

Por su parte, Diego Hernández Martins, ingeniero civil de la UNAM con experiencia en gestión de infraestructura, destaca que la propuesta de Huella Estructural no es solo una innovación tecnológica, sino una solución operativa y probada para enfrentar los efectos de eventos extremos en infraestructura.

“Utiliza sensores de alta precisión para monitorear en tiempo real el comportamiento de edificios y obras civiles y, tras un sismo o evento climático, genera en minutos indicadores cuantitativos de daño que permiten clasificar su seguridad y tomar decisiones basadas en evidencia, evitando evaluaciones subjetivas posteriores”, explica Martins.

La resiliencia urbana del futuro dependerá de la capacidad de las ciudades para escuchar a su infraestructura. Integrar el monitoreo estructural como parte del diseño, operación y evaluación post-clima extremo no solo fortalece la seguridad, sino que redefine la forma en que México enfrenta los retos del cambio climático desde sus cimientos.

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