Latam en modo startup: ¿realidad o espejismo?
Por Ángel Martí
En 2018, Camila y Andrés fundaron una plataforma de pagos digitales en Bogotá. Su idea era simple: facilitar transacciones para pequeños comercios que no podían acceder a sistemas bancarios tradicionales. En menos de tres años levantaron capital de fondos internacionales y expandieron operaciones a México y Chile. La historia parecía encajar en el relato de una región que se convertía en “el próximo Silicon Valley”. Sin embargo, en 2023 enfrentaron una realidad dura: la falta de infraestructura regulatoria, la volatilidad económica y la escasa cultura de inversión local los obligaron a reducir operaciones y replantear su modelo.
El caso de Camila y Andrés no es aislado. Según datos de Endeavor y Crunchbase, menos del 20% de las startups latinoamericanas logran sobrevivir más de cinco años, y solo una fracción alcanza la internacionalización. El Banco Interamericano de Desarrollo advierte que la región enfrenta barreras estructurales: acceso limitado a financiamiento, burocracia excesiva y un ecosistema que aún depende en gran medida de capital extranjero.
La narrativa del boom emprendedor en Latam se alimenta de historias de unicornios como Nubank en Brasil o Kavak en México, que han demostrado que es posible escalar y competir globalmente. Pero por cada unicornio, cientos de startups desaparecen en silencio. El espejismo se construye cuando los titulares celebran las rondas de inversión, pero omiten las tasas de mortalidad y los obstáculos cotidianos que enfrentan los emprendedores.
El reto es doble. Por un lado, los gobiernos deben crear marcos regulatorios que faciliten la innovación y reduzcan la burocracia. Por otro, los emprendedores necesitan modelos de negocio adaptados a la realidad latinoamericana, donde la informalidad, la desigualdad y la volatilidad económica son factores determinantes. Harvard Business Review señala que las startups que logran escalar en mercados emergentes son aquellas que integran soluciones locales y no replican modelos importados sin adaptación.
Latam está en modo startup, sí, pero la pregunta es si ese modo se traducirá en una transformación estructural o quedará como un espejismo pasajero. La historia de Camila y Andrés refleja tanto el potencial como las fragilidades de la región. El futuro dependerá de si logramos construir ecosistemas sólidos, con financiamiento local, regulación inteligente y una narrativa que no solo celebre los éxitos, sino que también enfrente las realidades.


