Fundación PepsiCo: Del donativo al impacto tangible
Por Uriel Naum Ávila
La sostenibilidad empresarial dejó de ser un asunto de utilidades o reportes ambientales. Hoy, las fundaciones corporativas se han convertido en el brazo estratégico que conecta a las compañías con las necesidades reales de los territorios. En México, la Fundación PepsiCo, creada en 2012, ha apostado por un modelo integral que combina agricultura regenerativa, bancos de alimentos y voluntariado corporativo, con el propósito de transformar comunidades y generar impacto tangible.
Leonor Quiroz, Directora Senior de Comunicación Corporativa e Impacto Social de PepsiCo México, explica cómo la organización busca “alimentar el cambio” en un entorno dinámico y desafiante. Con más de 35 millones de dólares invertidos y programas como Agrovita, Hambre Cero y Quaker Qrece, la Fundación ha beneficiado a más de 6.3 millones de personas, demostrando que la clave no está en donar, sino en crear valor compartido y consolidar una cultura organizacional con propósito.
Uno de los proyectos más emblemáticos es Agrovita, que desde 2021 ha capacitado a más de 4,200 productores en Chiapas, Tabasco y Campeche en prácticas de agricultura regenerativa. Actualmente, más de 8,000 hectáreas implementan técnicas que mejoran la salud de los suelos y fortalecen la economía de pequeños agricultores de cacao y plátano. “El impacto no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de transformar medios de vida y generar resiliencia en comunidades enteras”, subraya Quiroz.
El programa Hambre Cero también marca un hito. Con una inversión cercana a los 7 millones de pesos, la Fundación fortaleció la Red de Bancos de Alimentos de México con vehículos, cámaras de refrigeración y apoyo al Fondo para el Rescate en el Campo, lo que permitirá atender a más de 160 mil personas adicionales hacia 2030. A ello se suma la alianza con Gastromotiva, donde 762 colaboradores de PepsiCo han donado más de 3,000 horas de voluntariado, preparando cerca de 7,000 comidas para personas en situación vulnerable.
Los desafíos no han sido menores. Inflación, inseguridad alimentaria y cambios regulatorios han obligado a la Fundación a diseñar iniciativas flexibles y centradas en las personas. “La colaboración con aliados estratégicos y comunidades ha sido clave para adaptarnos y escalar proyectos con impacto real”, afirma Quiroz.
Más allá de las cifras, el aprendizaje ha sido claro: la sostenibilidad requiere visión de largo plazo, alianzas sólidas y una cultura organizacional que refleje valores en cada acción. Para PepsiCo México, liderar una fundación corporativa significa poner a las personas en el centro, movilizar talento y actuar con propósito en un momento de alta exigencia social.
La apuesta hacia el futuro es ampliar la seguridad alimentaria y profundizar el impacto de programas como Hambre Cero, Agrovita y Quaker Qrece, siempre bajo la convicción de que la sostenibilidad no es un accesorio del negocio, sino parte de su esencia.


