Blog

29 septiembre, 2026 by Comunicados, Empresas, ESG, Estilo de Vida, Retail, Salud, Tecnología

Yuka revela cómo los empaques “fit” y “con proteína” pueden hacer que un alimento parezca más saludable

Yuka revela cómo los empaques “fit” y “con proteína” pueden hacer que un alimento parezca más saludable

  • Los productos incluyen declaraciones como “fit”, “cero”, “integral” o “fuente de fibra”, pero contienen aditivos de riesgo y, en varios casos, exceso de sodio o azúcar

¿Alguna vez has elegido un producto porque parecía más saludable que otras opciones del anaquel? Términos como “fit”, “cero”, “integral” y “fuente de fibra” pueden influir en esa percepción, aún cuando destacan solo una característica específica del alimento.

Esto ocurre cuando un atributo positivo en el empaque influye en la percepción general del producto y hace que parezca más saludable de lo que realmente es al considerar su composición completa. Para ilustrarlo, Yuka, la app que recientemente llegó a México y permite escanear alimentos, cosméticos y productos de cuidado personal para analizar sus ingredientes, identificó las declaraciones más comunes en los productos y las comparó con los posibles riesgos asociados a los ingredientes que contienen.

Cuando “fit” y proteína parecen sinónimos de salud

Los productos dirigidos a un estilo de vida activo y enfocado en el ejercicio suelen destacar atributos como el contenido de proteína, el bajo contenido de grasa, la saciedad y los beneficios para la recuperación muscular. Si bien estas características pueden ser ciertas, por sí solas no ofrecen un panorama completo de la composición del producto.

El contraste se hace evidente al revisar la información nutrimental y la lista de ingredientes. Yuka encontró que productos que destacan declaraciones como “bajo en grasa” o “fuente de proteína” pueden contener, por ejemplo, más de 500 e incluso 1,200 mg de sodio por cada 100 g, más de la mitad del consumo diario recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos productos también contienen aditivos como fosfato de sodio, ácido fosfórico y nitrito de sodio. El exceso de fósforo no es una preocupación menor, pues se ha relacionado con la salud renal y ósea a largo plazo, mientras que, en el caso del nitrito de sodio, la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria de Francia (Anses) confirmó en 2022, por primera vez, un vínculo entre su consumo y el cáncer.

Lo mismo ocurre con el “cero azúcar”. Es quizá el mensaje más atractivo: promete disfrutar sin culpa. Pero esa promesa suele venir acompañada de un invitado silencioso, como la sucralosa, cuyo consumo habitual recibe cada vez más atención por su posible relación con alteraciones metabólicas y cardiovasculares. Y no es el único invitado: edulcorantes como el acesulfamo K están entre los ingredientes que se encuentran con mayor frecuencia; además de sus posibles efectos en trastornos metabólicos, varios estudios independientes señalan que no tienen un efecto positivo en el peso e incluso podrían contribuir al sobrepeso a largo plazo.

Las palabras al frente del empaque, como “light”, “con proteína” o “cero azúcar” no cuentan toda la historia. El panorama completo está en la etiqueta.

Estudios independientes realizados en México también han encontrado que las declaraciones nutrimentales son frecuentes en los alimentos envasados. Antes de la reforma al etiquetado frontal en 2020, más de un tercio de los productos envasados incluía alguna declaración nutrimental. Tras la reforma, una evaluación determinó que 39% de los productos que antes mostraban declaraciones ya no podrían hacerlo, con la mayor reducción, de 51%, entre los alimentos ultraprocesados. 

Cómo mirar más allá del empaque

Una declaración en el empaque de un alimento no es necesariamente falsa. El problema surge cuando un solo mensaje en la etiqueta define la percepción que los consumidores tienen del producto completo y hace que otros aspectos de su composición pasen inadvertidos. Las declaraciones en los empaques pueden influir de manera significativa en el comportamiento del consumidor, un fenómeno conocido como “efecto halo de salud”. 

Para evitar el “efecto halo de salud”, conviene mirar más allá del frente del empaque y comparar la información nutrimental, la lista de ingredientes y los sellos de advertencia. En México, el etiquetado frontal, implementado en 2020, ayuda en este proceso. El sello con forma de lupa alerta sobre el exceso de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas directamente al frente del empaque. Revisar la lista de ingredientes también aporta contexto adicional, mientras que herramientas como Yuka pueden ayudar a los consumidores a entender mejor la composición de los productos y a tomar decisiones más informadas.

Mientras más informados estén los consumidores, mayor será su capacidad para tomar decisiones y exigir a las marcas formulaciones más transparentes. Las herramientas digitales pueden reforzar este movimiento.

“Cuando creamos Yuka, una de las cosas que nos llamó la atención fue precisamente la manera en que los empaques pueden influir en la percepción de los consumidores. Una sola palabra o declaración destacada en un empaque puede llevar a las personas a asociar todo el producto con una opción saludable, sin conocer necesariamente su composición completa. Yuka también se creó para ayudar a los consumidores a mirar más allá de estos mensajes y entender mejor qué hay realmente en los productos que compran”, señala Julie Chapon, cofundadora de Yuka.

La recomendación no es ignorar el empaque, sino mirarlo de forma más crítica. Es la composición completa, y no una sola palabra destacada, la que muestra lo que realmente hay dentro del empaque.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Award winning creative agency

We are building for tomorrow because tomorrow is the future and we want to make a contribution to the wonderful digital age that is awaiting us.