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26 enero, 2026 by Artes y Entretenimiento, Comunicados, Cultura, Estilo de Vida

El movimiento slow food y su lugar en la cocina mexicana actual

El movimiento slow food y su lugar en la cocina mexicana actual

En una época donde lo inmediato domina, el movimiento slow food surge como una invitación a detenernos y saborear el presente. Nacido en Italia en los años ochenta como respuesta al auge de la comida rápida, este movimiento promueve el respeto por el tiempo, la procedencia de los ingredientes y el trabajo de quienes los producen. Más que una tendencia gastronómica, es una filosofía que busca reconectar con los procesos naturales y con la memoria que habita en cada platillo.

En México, el slow food encuentra un terreno fértil, la cocina mexicana siempre ha sido una cocina de paciencia, de fuego lento y de ingredientes que cuentan historias. Del maíz nixtamalizado al molcajete, del chile al epazote, cada elemento tiene un origen ancestral y una técnica transmitida de generación en generación. Cocinar aquí es conservar tradiciones, pero también adaptarlas a los tiempos modernos sin traicionar su esencia.

En esa intersección entre lo ancestral y lo contemporáneo se encuentra TESTAL, un restaurante que honra las raíces de la gastronomía mexicana mientras busca innovar para conquistar nuevos paladares. Su propuesta parte del respeto absoluto por los ingredientes (muchos de ellos de origen prehispánico) y por las técnicas tradicionales que aún laten en los fogones del país. Pero al mismo tiempo, TESTAL entiende que la cocina evoluciona, y su misión es acercar esos sabores al comensal actual, con presentaciones y combinaciones que despiertan curiosidad y orgullo.

En su menú conviven la historia y la creatividad. La tetela de hongos silvestres con amarillito es una muestra de cómo una receta oaxaqueña puede brillar en un contexto urbano sin perder autenticidad; su masa hecha a mano y su cocción pausada evocan el ritmo del campo. Los chinicuiles salteados con rajas de chile cuaresmeño, cebolla blanca y epazote, servidos con guacamole, rescatan ingredientes emblemáticos de la tierra mexicana y nos recuerdan que la biodiversidad culinaria también es parte del patrimonio cultural.

La lengua de res al grill coronada con escamoles a la mantequilla rinde tributo a la cocina de fuego lento, donde cada textura y cada aroma requieren tiempo y atención. Y el robalo en costra de huitlacoche, con puré de elote y aceite de epazote, representa el equilibrio entre innovación y respeto por lo natural, un platillo que fusiona técnica moderna con el sabor profundo de la tierra.

En cada receta, demuestran que cocinar sin prisa es una forma de preservar la identidad. Su cocina es una celebración del tiempo y de las raíces, un recordatorio de que el verdadero lujo no está en lo efímero, sino en aquello que se cultiva, se transforma y se comparte con el alma.

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