Demasiadas voces, poca credibilidad

Demasiadas voces, poca credibilidad
El Mundial 2026 pondrá a prueba algo más que el futbol
A 50 días de que inicie la Copa Mundial de la FIFA 2026, hay un fenómeno que me llama mucho la atención y siento está creciendo fuera de la cancha y que, desde la perspectiva de comunicación corporativa, debería preocupar tanto como entusiasmar.
Nunca habíamos tenido tantas voces hablando de futbol. Nunca había sido tan difícil identificar cuáles realmente valen la pena escuchar.
Para mí, ese es un problema.
El libro que detonó esta conversación incómoda

El pasado 13 de abril se presentó El Protagonista, el más reciente libro de José Ramón Fernández, no fue únicamente un evento editorial, fue un punto de inflexión porque más allá del contenido del libro, lo que detonó fue una revisión pública —y no necesariamente cómoda— del estado actual del periodismo deportivo en México.
Es ahí lo que hizo cuestionarme dónde está el periodismo deportivo en México y el contraste que detecto. Fernández construyó una escuela con altos estándares y hoy tenemos un ecosistema que, en muchos casos, parece haberlos diluido.
Zamogilny: un ejemplo del momento y del mensaje
Entre el 16 y 17 de abril se dio un punto de fricción. Damián Zamogilny, ex futbolista y hoy comentarista deportivo, reaccionó públicamente —principalmente a través de su cuenta en X y amplificado en programas de análisis— a comentarios de José Ramón sobre el nivel del análisis futbolístico actual.
Su frase fue directa y sin matices: “José Ramón Fernández no sabe de futbol.”
No fue una conversación privada ni un comentario aislado, fue una declaración pública en una plataforma abierta, en el momento de mayor visibilidad mediática de José Ramón por el lanzamiento de su libro.
Esto es clave porque convierte el intercambio en algo más que una diferencia de opiniones: lo vuelve un evento de agenda.
No es personal, es el negocio
Reducir este episodio a una confrontación entre dos figuras sería un error de lectura. Lo que realmente está en juego es esto:
- Periodismo estructurado vs. experiencia en cancha
- Argumento vs. intuición
- Formación vs. exposición
En el fondo, una pregunta que la industria no ha resuelto: ¿Quién tiene hoy la autoridad para explicar el futbol?
Una escuela con estándares
Aquí es donde el legado de José Ramón Fernández cobra relevancia porque su aporte no fue solo editorial, fue estructural. Construyó un modelo donde la información tenía jerarquía, el análisis tenía sustento y la crítica tenía dirección. Tal vez no era perfecto pero sí tenía reglas y una premisa clara: la credibilidad no se improvisa.
La proliferación de voces: lógica de negocio, no de calidad
Hoy, ese modelo compite contra una realidad distinta. La proliferación de exfutbolistas como analistas no es casual y responde a tres lógicas muy claras:
1. Acceso inmediato a audiencia. El exjugador trae reconocimiento sin inversión inicial.
2. Identificación emocional. El público conecta con quien “estuvo ahí”.
3. Reducción de costos de posicionamiento. El medio no necesita construir la marca desde cero.
Hasta ahí, todo tiene sentido. El problema empieza cuando esa decisión no va acompañada de formación.
El contraste incómodo: lo que hace la NFL
Aquí vale la pena introducir un benchmark que expone la brecha. La NFL (National Football League) no deja este tema al azar. Los jugadores que buscan transición a medios pasan por programas de media training, “boot camps” especializados y una preparación en narrativa, análisis y manejo de cámara
No es opcional. Es estructural y hay una razón detrás de esto: los medios invierten en talento, y no arriesgan su credibilidad en perfiles no preparados.
El resultado es claro: no todos los exjugadores llegan a televisión y los que llegan, cumplen un estándar mínimo
México: exposición sin filtro
En contraste, en el ecosistema mexicano no hay procesos claros de formación, no hay estándares homogéneos y no hay consecuencias visibles por bajo desempeño analítico, eso produce lo que hoy vemos: una sobreoferta de voces con legitimidad parcial.
La duda obvia es ¿Por qué los medios tradicionales lo permiten?
Esta es probablemente la pregunta más incómoda y también la más importante. La respuesta no es falta de criterio, sino es un tema de incentivos.
Hay una presión por rating inmediato porque un exjugador genera conversación desde el día uno. Existe una competencia por atención, los medios ya no compiten entre ellos, compiten contra plataformas digitales. Hay reducción de costos porque formar talento es caro. Incorporar talento “listo” es más rápido. Existe una confusión entre entretenimiento y análisis.
El modelo de negocio se ha desplazado hacia el engagement, no hacia la profundidad.
El problema: una decisión racional con consecuencias estratégicas
Desde la lógica de negocio, tiene sentido. Desde la lógica de reputación, es un riesgo porque cada espacio ocupado por análisis débil erosiona la credibilidad del medio, la calidad de la conversación y, muy importante, la confianza de la audiencia que aunque no se pierde de inmediato, sí se acumula.
El Mundial 2026: el punto de estrés máximo
Todo esto ocurre justo antes de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Un evento que multiplica audiencias, acelera producción de contenido, pero también amplifica errores. En este contexto, el sistema será llevado al límite.
La credibilidad será el activo más escaso. No será el contenido, ni la audiencia, será la confianza, por eso el “expertise” necesita redefinirse. Jugar no es suficiente, tampoco opinar. Se necesita capacidad de explicar.
Por lo que respecta a las marcas, enfrentarán un riesgo silencioso. Asociarse con visibilidad sin criterio puede afectar reputación. Los medios aún pueden corregir pero implica tomar decisiones que sacrifican corto plazo por sostenibilidad.
Finalmente, el legado de José Ramón no es pasado, es referencia operativa para un sistema que perdió estándares. Por esto, la discusión entre José Ramón Fernández y Damián Zamogilny no es relevante por lo que se dijeron, sino por lo que revela.
Estamos entrando a un Mundial donde todos van a hablar, pero muy pocos van a construir algo que valga la pena escuchar.
Marco Núñez Yurén cuenta con una Maestría en Comunicación Corporativa y Relaciones Públicas, y una Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Nueva York, lo que suma más de 25 años de experiencia como periodista. dirección de relaciones públicas, marketing y posicionamiento de negocios en el sector público y privado.

