¿Quién está aprovechando realmente el nearshoring?
Por Rafael Cortés
Cuando una empresa anuncia que invertirá millones de dólares en México, la noticia suele generar titulares y expectativas. Pero entre anunciar un proyecto y ponerlo en operación existe una diferencia importante.
El Monitor de Inversiones de Deloitte, publicado en marzo de 2026, registró 132 anuncios de inversión durante 2025, por un valor aproximado de 72.8 mil millones de dólares. El monto fue 30.7% mayor que el registrado en 2024.
El dato parece positivo, pero hay que leerlo con cuidado. Deloitte encontró que, de los proyectos anunciados entre 2023 y 2025, solo alrededor de 12% se encontraba en operación. La diferencia muestra que el interés existe, pero que una parte importante de las inversiones todavía está pendiente de concretarse.
Ahí está uno de los grandes retos del nearshoring mexicano: pasar de las promesas a los proyectos terminados.
El norte y el Bajío llevan ventaja
La inversión tampoco se está repartiendo de manera uniforme.
Los anuncios recientes se han concentrado principalmente en sectores como energía, consumo y tecnologías de la información, con estados como Nuevo León, Querétaro y Baja California entre los territorios que han recibido mayor atención. También existe actividad importante en distintas zonas del norte y del Bajío.
Esto tiene sentido. Para una empresa que busca producir para Estados Unidos, la ubicación puede reducir tiempos de transporte y facilitar la integración con proveedores.
Pero la cercanía geográfica no es suficiente. Una planta necesita electricidad, agua, carreteras, parques industriales, trabajadores capacitados y proveedores capaces de responder a sus necesidades.
Por eso, la competencia entre estados está dejando de ser únicamente por quién ofrece el terreno más barato. Ahora también es una competencia por infraestructura y condiciones para operar a largo plazo.
El verdadero negocio está en crear una cadena alrededor de cada planta
Una nueva fábrica puede generar empleos, pero su impacto económico puede ser mucho mayor cuando alrededor de ella aparecen proveedores, empresas de transporte, servicios especializados y nuevos negocios.
Ese es uno de los puntos que México todavía necesita fortalecer.
Si una compañía extranjera llega al país pero tiene que importar prácticamente todos sus componentes, el beneficio para la economía local es más limitado. En cambio, cuando puede encontrar proveedores mexicanos capaces de integrarse a su cadena de producción, el efecto puede multiplicarse.
El Gobierno de México reporta que entre enero de 2023 y abril de 2025 se registraron 699 anuncios privados de inversión por más de 228 mil millones de dólares. La cifra muestra el tamaño de la oportunidad, pero también deja una pregunta abierta: ¿cuánto de ese capital terminará convertido en capacidad productiva?
El T-MEC puede cambiar el ritmo
El contexto internacional tampoco ayuda a que las empresas decidan con facilidad.
La revisión del T-MEC en 2026 es uno de los factores que mantienen cautelosos a los inversionistas. Deloitte señala que las tensiones comerciales y la incertidumbre sobre las reglas futuras están provocando que algunas compañías pospongan decisiones de inversión.
Eso no significa que México haya perdido su atractivo. Al contrario, su ubicación y su integración comercial con Estados Unidos siguen siendo ventajas importantes. Pero ahora las empresas están evaluando con más cuidado dónde y cuándo invertir.
Para México, el siguiente paso debería ser aprovechar el interés que ya existe y convertirlo en proyectos reales.
El nearshoring no se va a medir por la cantidad de comunicados de prensa ni por el número de inversiones anunciadas. Se medirá por las plantas que comiencen a producir, los proveedores mexicanos que se integren, los empleos que se generen y la capacidad que tenga el país para mantener esas operaciones.
México ya consiguió llamar la atención de los inversionistas. El verdadero reto ahora es demostrar que puede convertir esa atención en industria, empleo y crecimiento.


